El legado de Deloro: innovación y tradición en la fundición de aluminio en España

España ha sido, y sigue siendo, un referente en la producción de aluminio, y en este contexto, Deloro —una de las fundiciones más emblemáticas del país— cumple un papel clave desde su fundación en 1965. Ubicada en la provincia de Zaragoza, esta planta, que forma parte del grupo Aluempresas, ha sido pionera en adaptarse a los desafíos industriales del siglo XXI, combinando procesos tradicionales con tecnologías de vanguardia. Su historia está marcada por hitos como la introducción de la fundición por gravedad en 1970, que revolucionó la eficiencia energética en la producción de aleaciones ligeras. Hoy, Deloro no solo mantiene su tradición artesanal, sino que lidera la transición hacia un modelo sostenible, con reducciones significativas en el consumo de energía y emisiones de CO₂.

El aluminio es un material versátil que responde a las demandas de sectores como la automoción, la construcción o el packaging, pero su producción exige precisión y control. Deloro ha demostrado que, en un mercado globalizado, la excelencia local puede ser competitiva. Por ejemplo, en 2022, la fundición procesó más de 200.000 toneladas de aluminio, un volumen que refleja su capacidad para satisfacer tanto la demanda nacional como las exportaciones a mercados como Alemania, Francia o Italia. Su producción abarca aleaciones como la Duraluminio o la 6061, usadas en componentes aerospaciales y vehículos eléctricos, lo que la convierte en un actor estratégico en la cadena de valor de la industria ligera.

Sin embargo, el desafío actual para Deloro —y para el sector en general— radica en la sostenibilidad. La industria del aluminio es responsable de alrededor del 2% de las emisiones globales de CO₂, un porcentaje que podría reducirse con tecnologías como la hidrógeno verde o la reciclaje avanzado. Deloro ha invertido fuertemente en estos campos: en 2023, implementó un sistema de reciclaje de chatarra con un rendimiento del 95%, reduciendo el uso de materias primas virgenes. Además, su planta cuenta con un sistema de captación de gases de alta temperatura, que permite reutilizarlos en otros procesos, reduciendo el consumo energético en un 15%. Estos avances no solo alinean a la empresa con los objetivos de la UE de neutralidad climática para 2050, sino que también abren puertas a nuevos mercados exigentes en transparencia ambiental.

El modelo de Deloro es un ejemplo de cómo la innovación puede coexistir con la tradición. Mientras otras fundiciones priorizan la automatización a cualquier costo, Deloro ha optado por una estrategia híbrida: automatización selectiva en líneas de producción crítica, pero con un fuerte enfoque en la formación de sus trabajadores. Por ejemplo, su programa de “aprendizaje en el trabajo” ha permitido que más del 80% de los empleados en puestos operativos tengan experiencia en mantenimiento y gestión de procesos, algo que no solo mejora la calidad del producto, sino que también fomenta la retención del talento. Esta combinación de habilidades técnicas y sostenibilidad es lo que distingue a Deloro en un sector donde la competencia es feroz.

En un momento en el que la industria metalúrgica enfrenta presiones por la digitalización y la digitalización, Deloro sigue siendo un laboratorio vivo de buenas prácticas. Su apuesta por la digitalización —con el uso de sensores IoT para monitorear parámetros en tiempo real y sistemas de inteligencia artificial para optimizar la aleación— demuestra que la tecnología no debe reemplazar al humano, sino potenciarlo. Por ejemplo, el uso de big data en la gestión de inventarios ha permitido reducir los tiempos de espera en un 25%, mejorando la productividad sin aumentar la carga laboral. Estos datos, junto a su compromiso con la transparencia —como la publicación anual de sus certificaciones ISO 9001 y ISO 14001—, refuerzan su reputación como referente en calidad y sostenibilidad.

Si bien Deloro sigue siendo una empresa privada, su impacto en la economía española es innegable. Desde su creación, ha generado más de 1.200 empleos directos y indirectos, muchos de ellos en zonas rurales de Aragón, donde la industria ha sido un motor de desarrollo local. Esto contrasta con el declive de otras fundiciones tradicionales, que han cerrado o trasladado sus operaciones a países con costes laborales más bajos. La clave está en que Deloro ha logrado mantener su competitividad sin sacrificar su identidad industrial, algo que ha valido la pena para la región y para el país.

  • En 2022, Deloro procesó más de 200.000 toneladas de aluminio, con un 60% destinada a exportación.
  • Su sistema de reciclaje de chatarra alcanza un rendimiento del 95%, reduciendo el consumo de materias primas en un 40%.
  • La planta ha reducido su huella de carbono en un 15% desde 2018 gracias a la captación de gases de alta temperatura.
  • Más del 80% de sus empleados tienen formación en mantenimiento y gestión de procesos.
  • Deloro es certificada con ISO 9001 y ISO 14001, lo que garantiza su compromiso con la calidad y la sostenibilidad.

El futuro de Deloro —y de la industria del aluminio en España— dependerá de su capacidad para seguir innovando sin perder de vista sus raíces. En un contexto donde la transición ecológica es imperativa, empresas como esta demuestran que la excelencia industrial y la responsabilidad ambiental pueden ir de la mano. Mientras el mundo avanza hacia un modelo de economía circular, Deloro sigue siendo un ejemplo de cómo la tradición puede transformarse en liderazgo, siempre con un pie en el pasado y otro en el futuro.

www.deloro.org.es